Recuerdos de Álvaro Domecq

Álvaro-Domecq- foto cedida por Gonzalo Marqués.

12-12-2025 Por Guillermo García Palma

Lily me ha pedido que haga un articulito con motivo del fallecimiento de Álvaro Domecq Romero (Jerez de la Frontera, 1940-2025)…  así que máquina de evocar imágenes y recuerdos en marcha…

La imagen que primero me viene fue una Feria del Caballo, mayo del año 1993. Después de un día en la Real Escuela Andaluza del Arte Ecuestre, grabando caballos en vídeo con la facultad de veterinaria, para los primeros estudios de biomecánica que se hacían en aquella época, fuimos a la feria, pero lo mejor de ese día iba a ser la Gala Nocturna que se celebraba tradicionalmente en la Escuela con motivo de la Feria. 

Los aledaños del Recreo de las Cadenas, estaban con un ambiente increíble, la gente bullía dentro y fuera de la galería que rodea al picadero cubierto, esperando lo que iba a ser el mejor espectáculo del año. Hacía tan solo 6 años, en 1987, este magnífico sitio fue inaugurado por los reyes de España, en una gala especial, donde estuvieron todos los jinetes y parte de los caballos fundadores, que en los años 70 comenzaron el proyecto de espectáculo en una carpa en el parque González Hontoria, y desde su traslado al Recreo de las Cadenas, con las cuadras nuevas, picadero cubierto y entorno de jardines y fuentes iluminadas del palacio hecho por Garnier, no había hecho más que crecer. Un año antes, con motivo de la Exposición Universal de Sevilla, laEscuela creó un nuevo espectáculo llamado “Sinfonía a caballo” con música de Zarzuelas del antiguo espectáculo, y algunos temas nuevos compuestos o interpretados por Luís Cobos y orquesta,  como el famoso “Vuelve a Jerez” que sonaba emocionante cuando salían por los arcos de entrada a pista los caballos andaluces dispuestos a ejecutar levadas, corvetas y cabriolas en el número “Trabajos en la mano”. También había sido año olímpico… y con la Escuela en pleno auge, de ganas, de caballos y de jinetes, se comenzaba a seleccionar y a entrenar a caballos españoles con miras a la doma clásica internacional… así que entre los aficionados más acérrimos a la doma, y a que el caballo español saliera del encasillamiento de los concursos morfológicos, estaba mi yo de aquella época deseando ver aquellos caballos y aquel espectáculo mágico.

Esa noche, en “el orden del día” que es una hojita mecanografiada que se usa en la Escuela para asignar caballo, jinetes y números del espectáculo-como el Set List de los músicos de concierto- había sorpresas y debuts emocionantes.. caballos que prometían ser estrellas saldrían en el paso de cuatro, o en el carrusel… Albus, Evento, Flamenco, Embroque, Embrujo o un jovencito y tordo oscuro Invasor estaban ya apuntando a lo que luego fueron… pero en el número en solitario que se llama “Fantasía a caballo”, un impresionante castaño, del hierro de Diosdado, hijo de Valeroso,(uno de los caballos fundadores de la Escuela, que ya estuvo en la época primigenia de la carpa y aun vivía retirado ya) , y de nombre Judío III, iba a debutar montado por el jefe… por el hombre que creó todo aquel mundo… (Judío III paso luego a ser el caballo de riendas largas más famoso de la historia de la Escuela, y también a ser semental en Portugal y en la yeguada propia de la Escuela)

En la galería, ya algunos entraban por las troneras a las gradas del picadero, pero en la entrada principal, con todos los faroles encendidos por ese pasillo largo , se dejaban ver entrando y saliendo jinetes en uniforme de gala… saludando a amigos y yéndose de prisa a la zona de caballos, de detrás, donde aguardaban ya preparados el inicio. Fue entonces, cuando apareció saliendo de la estancia que hay en presidencia de la pista, con el traje de gala, hecho hecho por el gran Antolín García, en pie, espuelas y polainas repujadas con sus flecos largos de cuero puestas, catite, guantes y vara en mano y con el chaleco bordado brillando casi tanto como su expresión de ojos… un pletórico y orgulloso Álvaro Domecq, con un aura como los artistas consagrados antes de los eventos históricos. En unos instantes, miró a todos , y sonriente saludaba jerezano-majestuoso casi con ademán de brindar con un oloroso.

Era la época de oro de la Escuela, que en esa época estaba ya preparando la idea que trajo Álvaro Domecq de Barcelona 92- “ esto lo hacemos nosotros con nuestros caballos” y así fue… no descansó en la formación y selección de caballos, trayendo a los mejores entrenadores y jinetes de la época (del calibre del Dr. Reiner Klimke) para formar a los por entonces jóvenes y no consagrados aun, mejores jinetes de la Escuela, que llegaron a conquistar en 4 años, los internacionales, y las olimpiadas. Evento, Flamenco, Albus o Invasor, abrieron la puerta al caballo PRE a ser tomado en serio en el panorama internacional de Doma Clásica, llegando a ser finalistas en JJOO, a ganar CDIs importantes, y a ser incluso medalla de Plata y sexto individual, como fue Invasor en los años 2000. 

Ignacio Rambla con Evento en los JJOO de Atlanta 1996

Esos caballos y sus jinetes despertaron una ilusión sin límites, y eran una especie de superhéroes de la ecuestridad, en un Olimpo clásico andaluz, donde Zeus-Alvarito comandaba y motivaba a otros nuevos mitos con poderes a caballo, como lo eran aquellos jinetes jóvenes, talentosos, con hambre de equitación y potencial infinito, herederos de una fusión de equitación clásica, tradiciones vaqueras del campo a caballo y pragmatismo resolutivo… y muchas ganas de demostrar lo que podían… 

Esta “explosión” puso las pilas también a muchos ganaderos, y resurgió entonces con fuerza el movimiento de ganaderos PRE enfocados a la funcionalidad y a la doma. Mucho le debe en muchas facetas, el caballo español, y la cultura de la equitación española a Álvaro Domecq.

Hijo del gran jinete y ganadero Álvaro Domecq y Díez y de María Josefa Romero,  “Alvarito” como era conocido cariñosamente desde pequeño en su familia y luego en su gran familia de Jerez y del caballo y el toro, en “España entera”, tenía en sus ancestros la historia misma del caballo español y de su estirpe cartujana, puesto que la familia Domecq que en tiempos de sus fundadores Domecq Lembeye, compran a Antonio Abad Romano en 1860 la ganadería que procede de La Cartuja siendo conocidos estos caballos como “Cartujanos Romanitos” que luego serían continuados por el marqués de Domecq, y además de ello, el hermano del marqués y abuelo de Álvaro Domecq Romero, Juan Pedro Domecq y Núñez de Villavicencio había sido propietario del hierro del Bocado, después de los hermanos Domínguez que a su vez lo reciben del mítico Vicente Romero, y es este Romero, la familia de su madre, a la que también pertenecen los Romero Zarco que fueron luego Romero Benítez, o su primo el también jinete fundador de la Escuela y ganadero, Javier García Romero. 

Criado entre caballos, fusiona por un lado lo aprendido en el campo, de grandes mayorales y jinetes vaqueros, garrochistas y ganaderos de bravo, y por otra la equitación académica, pues su padre Domecq y Díez, le proporcionaba instructores tanto del Cadre Noire de Saumur, como de la Escuela de Viena, siendo amigo personal del coronel Podahski y trayendo a Jerez (ciudad de la que fue alcalde) a la Escuela Española de Equitación de Viena en la semana del caballo de 1954, y como su padre, también fue rejoneador, montando desde pequeño a la célebre yegua “Espléndida” con la que triunfó su padre en los ruedos, y como ganadero puesto que fue el criador, y tras retirarla fue pilar de la ganadería caballar Domecq. (hay un documento cinematográfico en la película documental “Yo he visto a la muerte”–1965 director JoseMª Forqué- donde en el primer capítulo un joven Álvaro Domecq habla sobre la pérdida de esta yegua)

Álvaro llevó estas 3 vertientes ecuestres, el campo y vaquera, la equitación académica y deportiva y el rejoneo, en desarrollo constante durante toda su vida.

Muy relacionado también con grandes jinetes y ganaderos de nuestro país vecino y hermano, Portugal, contó con grandes caballos y jinetes portugueses tanto para torear, como el famoso “Opus 72” como para iniciar el proyecto de la Escuela Andaluza del Arte Ecuestre.

Su hito histórico y mayor logro reconocido fue la creación de la Real Escuela Andaluza del Arte Ecuestre que empieza en los años 70 como una carpa situada en el parque González Hontoria, hasta que convenciendo a instituciones e instancias nacionales, para que patrocinen el proyecto, se llega a adquirir la finca del Recreo de las Cadenas y en la segunda mitad de los años 80, la Escuela con sus flamantes instalaciones, se convierte en un referente mundial ecuestre y turístico, y en una fábrica de jinetes de alto nivel, subiendo la cultura ecuestre nacional y motivando a miles de jóvenes caballistas en los muchos pueblos de España con afición al caballo, incrementando en general el nivel de los jinetes, y en especial el nivel deportivo en doma clásica, saltando a la prueba máxima, el nivel Gran Premio, de forma generalizada (en aquella época la Escuela era el sitio de España con más caballos domados en Gran Premio juntos) y posicionando al Pura Raza Española en lo máximo, devolviéndole su valor deportivo y funcional por encima del decorativo, en el que había caído en los 70 y 80.

Con la Escuela pasando momentos de esplendor y sus jinetes consagrados ya internacionalmente y olímpicos, en 1996, tras los JJOO de Atlanta y con la Escuela tutelada por la Diputación de Cádiz y luego por la Junta de Andalucía, comenzó una época de crisis, y el que había sido su creador e impulsor, salió de la Escuela.

Empezaron los años de la “diáspora” y Álvaro Domecq, se recluye en su finca “Los Alburejos” donde vuelve a empezar un proyecto propio, creando de nuevo un espectáculo llamado “Equitación Mágica”. Vuelven a la carretera, a las plazas de toros y a recorrer España, y a proyectarse internacionalmente. Hungría o la mismísima Escuela Española de Equitación de Viena- donde Álvaro había sido alumno en los años 70 para seguir formándose en equitación clásica en sus inicios de crear la Escuela de Jerez-, acogen el espectáculo y le brindan homenaje. En ese espectáculo nuevo hay algunos jinetes jóvenes formados en la Escuela, y se proyectan otros desde los Alburejos que hoy día forman parte de nuestros mejores deportistas internacionales, como es el caso de José Antonio García Mena. Y así ,ya en el siglo XXI, el tiempo todo lo cura- «al caballo como al hombre lo doma él tiempo» decía Ángel Peralta (del libro La sabiduría de un jinete) y que Álvaro Domecq también la usaba en muchas ocasiones – y llega el momento en que los responsables de la Escuela, propician la vuelta con todos los honores de Álvaro Domecq, quien como persona de acción y voluntad que siempre fue, no dudó en desde el primer día, ponerse las botas y participar como un jinete más a sus ochenta años ya cumplidos. Lo pudimos ver emocionado, a caballo, mientras sonaba su discurso, cuando la Escuela, jalonada por integrantes de todas las Escuelas más importantes del mundo, celebró su 50 aniversario. 

Mayo 2021: 𝐋𝐚 𝐑𝐞𝐚𝐥 𝐄𝐬𝐜𝐮𝐞𝐥𝐚 𝐝𝐞𝐝𝐢𝐜𝐚 𝐬𝐮 𝐩𝐢𝐜𝐚𝐝𝐞𝐫𝐨 𝐚 𝐀́𝐥𝐯𝐚𝐫𝐨 𝐃𝐨𝐦𝐞𝐜𝐪 𝐜𝐨𝐧 𝐮𝐧 𝐞𝐦𝐨𝐭𝐢𝐯𝐨 𝐡𝐨𝐦𝐞𝐧𝐚𝐣𝐞.

Y también estuvo hasta el final, en el campo, a caballo, con sus jinetes vaqueros, con la garrocha y el bravo. Con la esencia de nuestra cultura ecuestre, y el atrevimiento de creer en ella y dignificarla por todo el mundo.

El martes de 18 de Noviembre 2025 que falleció, su trascendencia en los corazones de todos los que fuimos sus alumnos directos o indirectamente, los beneficiarios de la cultura que él defendió y las instituciones por las que pasó, no pararon de rendirle homenaje público… Viena, Saumur, Portugal… el mundo del rejoneo, el Salón internacional del caballo español (SICAB) de Sevilla se dedicó a su persona, y todos los actos fueron homenajes espontáneos a él… e igual que siempre fue, su presencia una vez más, se hizo presente en el impresionante funeral, que tuvo lugar en la catedral de Jerez… los aledaños empedrados, donde gente se arremolinaba con respeto y admiración… sus jinetes montados a caballo con el traje de gala… la misma grandeza que hubo en la Gala nocturna de la Feria del Caballo de 1993, con la que comencé este relato, cuando la Escuela de Álvaro Domecq estaba en máximo despegue y brillo, estaba presente allí en el rellano de la catedral cuando apareció, portado su féretro y detrás su caballo de cabriolas a la mano con el crespón negro prendido en su frontalera, como escarapela póstuma de recuerdo a un gran caballero jerezano, que irá a la gloria de nuestra historia del caballo, con tantos y tantos otros a través del tiempo y de los siglos…  quien sabe si compartirá ahora destino con personas como otros Álvaros en el tiempo, como lo fue don Álvaro Obertos de Valeto, también como él, caballero jerezano, defensor de la ciudad en el siglo XV , fundador y creador de la construcción de La Cartuja donde está su tumba y cuya figura en armadura y espada se reflejan en su lápida… de la Cartuja de Jerez, donde nacen los caballos españoles, que más de 500 años después fueron los que bailaron en el Recreo de las Cadenas y por todo el mundo, siguen enseñando su arte, el legado vivo, testigo pasado por la mano de un campeón , mano de plata sobre azur en escudo de armas jerezano, mano de Álvaro Domecq.