
23-08-2025 Lily Forado
Quién le diría a Jenni aquel 05 de Julio de 2019, cuando encaró la primera línea central de competición con Zagal Azores, que seis años después el próximo 27 de agosto de 2025 estaría cabalgando por el cuadrilongo del Campeonato de Europa de Gran Premio.
Entre aquella primera preliminar de seis años y esta primera temporada en el nivel absoluto a nivel internacional, han pasado miles de horas de entrenamiento, incontables kilómetros recorridos por carreteras españolas y un sinfín de experiencias en concursos nacionales e internacionales. Una historia digna de ser contada.
2019 fue el punto de partida en los cuadrilongos nacionales, y desde entonces, temporada tras temporada, el binomio no ha dejado de crecer. En 2020 fueron reservas para el Campeonato del Mundo de Caballos Jóvenes con siete años. Tras brillar en el nivel de Crítérium, en 2024 llegó el esperado salto al nivel absoluto, debutando en el CDN2* de Carmona en mayo. Apenas cuatro meses más tarde, Mathilda firmaba un doblete dorado en el CDN2 del Zaudín*, confirmando su evolución.

El 2025 ha sido el año del salto internacional. Su estreno en Jerez no pudo ser más prometedor: segunda posición en el Gran Premio con un 68.652% y victoria en el Gran Premio Especial con un 68.872%. En la siguiente semana, repitió resultados similares, consolidándose entre los mejores. Unos meses más tarde, en el CDI de Las Cadenas, subió al podio en el Gran Premio y firmó una victoria memorable en la Kür Freestyle con un 71.960%.
El camino continuó en el CDI de Deauville, donde mantuvo el nivel competitivo entorno a 68% y, tras sus destacadas actuaciones, llegó la noticia más esperada: la Federación Finlandesa confirmaba su selección para representar al país en el Campeonato de Europa.

Jenni solo tiene palabras de elogios hacia su compañero, el hijo de G-Nidium . Como bien nos comenta, su carácter ha sido clave en el éxito de esta primera temporada en el nivel absoluto a nivel internacional . En el día a día se muestra dócil, cercano y fácil de manejar, pero también posee un temperamento fuerte que deja entrever su personalidad. “Tiene momentos en los que muestra que sabe bien lo que quiere, y otros en los que es dulce y gracioso como un niño chico”, describe Mathilda. Esa dualidad, lejos de ser un obstáculo, es precisamente lo que le da brillo y profundidad a su carácter.
Inteligente y sensible, Zagal capta rápidamente lo que se le pide y lo automatiza con sorprendente facilidad. Para su amazona, trabajar con él es un verdadero placer. “Da gusto trabajar con él. Siempre está atento a nuestro paso por el prado, buscando una caricia o un momento de atención. Es imposible resistirse”. Esa conexión fuera de la pista se refleja luego en la competición, donde la confianza mutua es la base de su rendimiento.
El debut internacional: Jerez como punto de inflexión
Si hay un concurso que marcará siempre esta primera temporada, es Jerez. No solo por el resultado deportivo —cuatro salidas a pista y cuatro podios— sino por lo que significó en lo personal. La Real Escuela, donde Mathilda pasó cuatro años de formación, fue el escenario ideal para consolidar su debut internacional en Gran Premio.
“A pesar del mal tiempo, fue una experiencia muy especial. Quedar en el podio en todas las salidas fue increíble, pero lo que más me emocionó fue volver a competir en un lugar que siempre será mi casa”, recuerda con nostalgia. El vínculo con Jerez y con la Real Escuela le dio a esa cita un valor emocional que difícilmente podrá repetirse.

El sueño europeo
El paso más importante llegó semanas después, con la noticia de su selección para el Campeonato de Europa. En su primer año de Gran Premio Internacional, formar parte del equipo nacional de Finlandia parecía un sueño demasiado lejano, casi imposible.
“Todavía no me lo acabo de creer. Esta temporada ha estado llena de experiencias nuevas, desde reuniones con la Federación Finlandesa hasta vivir situaciones completamente desconocidas para mí. Pensaba que este tipo de cosas pasarían algún día, en un futuro lejano. Y de repente, aquí estoy, lista para competir contra los mejores del mundo”.
Para Jenni el momento cobra aún más fuerza porque tendrá la oportunidad de compartir pista con su gran referente: “Competir en la misma competición que Carl Hester es un sueño. Él siempre ha sido mi ídolo”.
El orgullo de un Pura Raza Española
El caballo de Pura Raza Española siempre ha estado tan ligado al sur de España que en casi todo el mundo se le conoce como caballo andaluz. Estos últimos años, la intensa promoción por parte de ANCCE y la gran labor de los ganaderos ha impulsado a grandes trancos la mundialización del Pura Raza Español. Una globalización fuera de nuestras fronteras cuyos éxitos deportivos hablan por si sólos tanto a nivel morfológico como en Doma Clásica. Jenni y Zagal son el ejemplo perfecto de globalización del P.R.E. Un P.R.E criado en España, representando los colores de Finlandia.
Más allá de los logros deportivos, la amazona recalca el valor de llegar hasta aquí con un caballo PRE. Desde niña, los Pura Raza Española ocuparon un lugar especial en su vida. Todo comenzó a los seis años, al verlos por primera vez en el espectáculo Apassionata. A los 14, montó PRE en Francia y ya no quiso cabalgar otra raza.
Su primer caballo fue un PRE, aunque en Alemania no eran bien vistos en competición. “Algunos comentarios de jueces y participantes aún los recuerdo, no fue fácil. Pero yo siempre tuve claro que era la mejor raza. Poder clasificarme para el Europeo con un PRE, y además para un país que no es España, me da una satisfacción muy grande. Me siento orgullosa de la raza porque estoy convencida de que el PRE sí es competitivo en los niveles altos de la doma clásica”.
La clasificación para el Europeo trajo consigo un reto enorme: la logística. Dos semanas fuera de casa en pleno verano, con una cuadra de 27 caballos y otros animales a su cargo, suponen un desafío en sí mismo.
“Ha sido mucha organización y preparación, tanto en casa como para el viaje. La verdad es que con tantas cosas no he tenido tiempo de pensarlo demasiado ni de ponerme nerviosa, aunque alguna pesadilla sí he tenido. Estar ahí, entre los mejores, con tanto público observando cada detalle, da mucha presión”.

Sin embargo, Matilda transforma esa presión en motivación: “Desde que supe que me habían seleccionado, estoy más obsesionada que nunca con montar mejor, más bonito, y dar lo mejor de mí. Solo así puedo pedirle a Zagal que también dé lo mejor de sí”.
En este contexto, lo que espera de su compañero es claro: confianza, seguridad y una prueba correcta. “Zagal me da mucha confianza en la pista. Aunque las circunstancias no sean siempre óptimas, no me suele fallar. Espero que muestre esa seguridad y que hagamos una prueba sin errores, bonita. Cuando él está a gusto y con ganas de brillar, sé que es capaz de hacer algo increíblemente bonito”.
La historia de Mathilda y Zagal Azores es aquella que se puede definir en los sueños si se cumplen.








